¿ Qué salió mal ?
Archivado en General el 3 de Marzo de 2011
Etiquetado como Construcción, Desperfectos
En la industria de la construcción cuando algo sale mal generalmente se busca encontrar al culpable y pocas veces se pone atención en las causas que originaron el desperfecto. Esto pequeños, pero a la vez enormes detalles que aparecen en las edificaciones y que más allá de verse mal, ponen en evidencia la falta de una buena supervisión, ejecución y/o mantenimiento.
Ante esta situación que es muy común encontrar no solo en nuestro país, sino en cualquier parte del mundo, conviene plantear la pregunta: ¿que salió mal?.
Esta pregunta es precisamente el título del articulo presentado por Ana-Maria Dabija [1] de la Universidad de Arquitectura y Urbanismo de Bucarest, Rumania, en el cual se presentan algunas reflexiones sobre la forma en que presentan diferentes fallas en las construcciones y posibles causas que las originan.
Partiendo de la idea de que en arquitectura, la tecnología es la responsable de materializar las ideas del artista, es posible establecer su importancia las edificaciones. Sin embargo también es considerada como la parte más árida de la arquitectura, a diferencia del carácter “romantico” que proporciona la aplicación de conocimientos históricos y artísticos. A pesar de esto no es posible desligar la aplicación de la tecnología a la arquitectura por una simple y sencilla razón: los edificios están sujetos a las leyes de la naturaleza y por lo tanto se subordinan a ellas. Bajo esta premisa resulta fundamental que en las escuelas de arquitectura, los cursos diseño y construcción tengan muy presente el enfoque tecnológico así como el conocimientos de los efectos de los fenómenos naturales. Hablando de la forma de enseñar a construir, Dabija afirma que hay básicamente dos formas de enseñar: la primera, es de la forma correcta, es decir enseñando a hacer bien las cosas y la segunda menos ortodoxa; aprendiendo de los errores (preferentemente cometidos por otros). A estas dos categorías sería posible agregar una tercera, la que comúnmente se presenta en las escuelas y es el infalible método de prueba y error.
Retomando el tema de los “agentes” que participan en la aparición de los errores en las edificaciones la autora analiza con detalle las acciones de los que considera los tres principales: el diseñador (arquitectos e ingenieros), el constructor y finalmente, el usuario. En este punto resulta muy conveniente mencionar que las acciones de los agentes se pueden dar de forma aislada o simultánea, lo más grave de todo es que los errores no solo se manifiestan en daños a las construcciones sino también a los ocupantes.
En el texto destaca una idea, la cual, dada su obviedad, puede pasar desapercibida: los edificios no comenten errores, las personas sí. Una vez que se pusieron sobre la mesa los agentes que cometen los errores se pueden analizar las posibles causas que los originan. La reflexión de Dabija da como resultado la propuesta de tres causas principales: ignorancia, prisa e indiferencia. Ahora bien, si combinamos a los agentes y las causas de los errores es posible construir una pequeña matriz de doble entrada que permita visualizar de forma resumida, la interacción de los agentes con las acciones.



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